Hemos escuchado cientos de relatos y crónicas de empedernidos viajeros que se la jugaron por salir al mundo, enfrentar los miedos internos, superando los límites establecidos por uno mismo y por las presiones sociales y familiares, para embarcarse en una aventura de vida, cambiando  la rutina por lo impredecible y desconocido. Seguramente te suena muy cliché y probablemente lo es, pero no deja de ser cierto.

Cabe mencionar además, que  en el transcurso de tu viaje aparecerán nuevos desafíos y miedos, estarás expuesto a nueva información día a día y que seguramente te hará replantear tus convicciones.

Es lo que nos ha pasado en nuestros cortos 7 meses viviendo en Australia. Durante los 4 meses que pasamos en Melbourne todo fue extremadamente intenso, el día a día, las fiestas, el trabajo, la búsqueda de trabajo y donde vivir, todo era nuevo y desconocido, lo que conlleva a muchas inseguridades. Debo admitir, que en este ámbito he sufrido más yo que JP. En varias oportunidades he tenido que  enfrentar sola, cara a cara a mis monstruos. Con pánico he tratado  de luchar por que esas inseguridades no me venzan, me cuesta derribarlas, pero sigo en la lucha continua, porque es lo que me propuse en este viaje.

A nuestra llegada, debíamos decidir rápidamente donde vivir. Más que nada por la ubicación, elegimos un departamento de un ambiente, en un edificio de dos pisos tipo “Motel” gringo. El patio era un acopio de muebles viejos y en mal estado, basura por todas partes y ni hablar de las condiciones del departamento.  El administrador tenía la original técnica de arreglar todo con cinta adhesiva y cordelito azul, las ventanas, puertas, hasta los picaportes eran confeccionados con el mágico cordelito azul. Toda esta maravilla por la módica suma de 1100 dolares mensuales. La ubicación era buena, estábamos solos y a sólo una cuadra de distancia de la prima de JP. Su ventaja era que estábamos en pleno barrio bohemio de St Kilda, a 10 minutos de la playa y a 15 minutos del centro, para ser Australia el precio era conveniente.

En el edificio había 9 departamentos y todos habitados por backpackers jóvenes de 19 y 20 años promedio, la verdad es que no hacían ruido constante, pero cuando había fiesta, ésta no paraba y el concierto de vómitos era mi despertador. Aún así, terminamos agarrándole cariño, era una relación amor y odio con la “pocilga” como la llamábamos tan cariñosamente.

Jp descansando despues de toda una tarde limpiando nuestra “Pocilguita”

Cuando decidimos partir a Australia a trabajar “en cualquier cosa”, no lo veíamos como un gran desafío, de hecho creo que lo subestimamos demasiado.  A distancia, la idea de trabajar en “cualquier cosa” se hace platónica y dista mucho de la realidad.

La búsqueda de pega en “cualquier cosa”, fue ardua, la competencia con los miles de backpackers en Melbourne la hacían difícil. Luego de experimentar en el rubro de limpieza y kitchen hand entre otros, y JP de pintor, aprendimos mucho a valorar el trabajo de mano de obra. El trabajo físico continuo y sin descartar el emocional, nos dejaron con una que otra lesión, pero la experiencia hace valer cada gota de sudor.

Llegando al 4 mes en Melbourne, tenía sólo un trabajo estable y era un día a la semana, esporádicamente me llamaban para hacer limpieza. Juan Pablo, por otro lado, ya llevaba varios días detenido por falta de proyectos, fue así, que decidimos cambiar de aire y comenzamos la búsqueda para vivir, trabajar y experimentar la vida de campo con una familia Australiana.

 

IMG_3963 (Medium) IMG_2945 (Medium)

 

 

 

 

 

 

Yo trabajando en el QVM en los Night Market y Jp llegando de pintar

Nuestras ganas de un cambio urgente, y a falta de plata, nos llevó a donde estamos hoy.

Aplicamos a decenas de anuncios sin recibir respuesta, pero un anuncio en particular posteado en Gumtree nos atrajo mucho la atención. Un australiano ofrecía alojamiento en una cabaña al lado de su casa a cambio de un par de días de trabajo en su granja en Harcourt, Victoria, a 30 kms de la ciudad de Bendigo y sólo a hora y media de Melbourne.

¡Era todo lo que queríamos!. Le enviamos un elaborado curriculum y un resumen de nuestras vidas, ahora sólo nos quedaba esperar alguna respuesta.

Pasaban los días y ninguna respuesta. Finalmente, y luego de esperar varios días, nos llega un correo en que nos confirman que habíamos sido elegidos por él y su familia, corroborando que entendíamos bien las condiciones.

El trato consiste básicamente en 8 horas de trabajo a la semana en su granja; recolectar huevos, limpiar, cercar, alimentar a los animales y jardinería entre otras cosas, a cambio de alojamiento en una pequeña cabaña de un ambiente, con chimenea, baño privado, pero sin cocina. No le dimos más vuelta y aceptamos.

Llegamos y notamos ineludiblemente  el cambio de vida. Arribamos a una granja de casi 100 Acres, teniendo como patio trasero el hermoso Monte Alexander y una pequeña cabaña sólo para nosotros!. Cero contaminación ni ruidos molestos de backpackers borrachos, el sonido del viento y de pájaros como las famosas kookaburras, corellas y cacatúas nos despiertan en la mañana, el estrés es inexistente siendo los momentos de paz y felicidad protagonistas de nuestra rutina.

La familia que nos acoge, es una familia joven conformada por una pareja de unos 40 años con dos niños de 5 y 9 años respectivamente, típica familia australiana de clase media. Ella es abogada y él medioambientalista a cargo de proyectos de reforestación de una fundación privada.

Luego de tres meses viviendo en Harcourt debemos reconocer que hemos aprendido mucho más que estando 4 meses en la ciudad. Vivir el día a día sin una rutina y haciendo cosas nuevas a diario, desde manejar un tractor o alimentar a los chanchos, te saca completamente de la burbuja citadina y el contacto con la naturaleza te hace aprender y conocer cosas que probablemente nunca hubieras aprendido viviendo en la ciudad.

La resolución de problemas es algo con lo que debemos lidiar en la granja, así que el ingenio se usa constantemente. Por ejemplo, la primera semana de trabajo nos pidieron construir un piso de ladrillos en la terraza de una cabaña. Usando sólo picota, pala y una que otra indicación lógica nos lanzamos hacerlo. ¿Creen que viviendo en la ciudad hubiera podido hacer alguna vez este tipo de trabajo?, lo dudo.

Sin ningún tipo de experiencia en pavimentación, ni en el uso de herramientas, logramos hacer un buen trabajo utilizando ladrillos con 100 años de antiguedad.

IMAG0395 (Medium) IMG_4276 (Medium)  IMAG0429 (Medium)

Nuevo oficio que podemos agregar a nuestros CVs  😛 

Otro trueque interesante que nos ofrecieron, es que una vez por semana nos invitan a cenar a cambio de que nosotros les cocinemos otro día algún plato chileno, haciendo uso ilimitado de su carne angus salida directamente del patio trasero. Comprenderán que era una oferta difícil de rechazar, lo que nos ha hecho sentir sinceramente que viviendo en su granja hemos sido nosotros más beneficiados que ellos.

IMG_4153 (Medium)

Pastel de choclo, check!

Teniendo 5 días libres a la semana, nos dispusimos a buscar trabajo por los alrededores, pero la oferta era escasa. Un mes más o menos nos tomó encontrar trabajo.
La empresa Jeftomson nos contrató como temporeros, cosechando manzanas en sus plantaciones en Harcourt, trabajo que nos quedaba literalmente al lado de la casa.

Cuando fuimos al “Training” de seguridad dictado en las oficinas de MADEC en Shepparton (Entidad gubernamental de agricultura), hablando con otros backpackers, nos comentaron que una persona podía hacer alrededor de 6 a 8 bins (bins=cajones) diarios y que pagaban 30 dolares cada bin, en ese momento nuestros ojos se llenaron de signo peso, por lo que íbamos con muchas expectativas en nuestro primer día de cosecha.

El primer día llegamos a las 6:45am llenos de ánimo y expectativas, comenzamos nuestra cosecha.  Al finalizar nuestro primer día, habíamos logrado hacer la deficiente suma de 2 bins!!!!!!!, 2 miserables bins en 8 horas, nuestras expectativas bajaron al nivel menos infinito.

La temporada de manzanas fue bastante irregular este año, por esta razón, no trabajábamos todos los días y preocupados con nuestra extrema lentitud pensábamos que no lograríamos juntar ni un peso. Sin embargo a medida que pasaba el tiempo comenzábamos a mejorar, la primera semana logramos hacer 4 bins, y cuando ya agarramos el ritmo y técnica, logramos hacer 8 bins diarios entre los dos. Deben considerar que la mayoría de los backpackers tienen 10 años menos que nosotros, y el estado físico no es de los mejores, así que tan mal no estamos.

Para quienes pretenden incursionar en el trabajo de campo, como consejo,  no lo subestimen, se requiere de buen estado físico y no se hagan tantas expectativas al comienzo, ya que toma un par de semanas adaptarse y nivelarse al resto, así que paciencia.

Les dejamos un video de nuestro último día de temporeros, para que vean un poco lo que hicimos estos últimos dos meses de cosecha.

Volviendo a la granja, “nuestros granjeros” entusiasmados con nuestra visita, han propagado por casi todo el pueblo la llegada de chilenos a Harcourt, muy fuera de lo común por estos lares, ya que muy pocos latinos hacen trabajo de granja (Motivo que les contamos en nuestro siguiente articulo “El lado B de las famosas second year visas”).

En pueblos tan chicos como Harcourt, todos los eventos importantes son organizados en comunidad y como nuestros granjeros nos integraron desde el momento que pisamos Harcourt, una organización tipo junta de vecinos nos pidió participar en distintos eventos locales.

Nuestra llegada no pudo ser más oportuna, justo en el mes de Marzo se celebra el evento del año en Harcourt,  el famoso “Apple Fest” y como parte de la comunidad harcouriana debíamos estar presentes. Jacquelline, la organizadora y lider de los eventos en Harcourt, nos contactó para ayudar en el montaje y desmontaje del evento, accedimos con entusiasmo, porque sería la mejor forma de conocer la gente de campo de Australia y probar los productos locales. Y así fue, mientras JP ayudaba con trabajos pesados, yo junto a otras personas nos hacíamos cargo del acceso de los asistentes pidiendo una colaboración voluntaria. Tuvimos la oportunidad de conocer a gente muy amable y probar las deliciosas cidras de manzanas de la zona.

Durante época de pascua de resurección, también nos pidieron participar en el “Easter Hunt” que se celebra en un bosque de robles entremedio del Monte Alexander. Esta vez el trabajo no fue tan entretenido, pero fue toda una experiencia. Debíamos planificar en  un terreno no apto para autos, el estacionamiento, dirigir y ayudar a estacionar a las decenas de autos que iban llegando al evento, fue un tanto estresante para decir verdad, pero nuestro equipo de control de tráfico (JP y yo) fue todo un éxito!.

IMG_4178 (Medium) IMG_4173 (Medium) G0601603

Expertos en el armado de toldos  😆 

IMG_4421 (Medium)
“Dele dele.. por aquí estacione caballero”

Si ya estás pensando en experimentar el trabajo de granja, para ayudarte a bajar los niveles de ansiedad de conocer a lo que estarás expuesto, te dejamos una lista de algunas de las tareas que hemos realizado durante nuestra estadía en la granja a continuación:

  • Hacer una terraza de ladrillos, desde cero.
  • Pintar y rellenar las grietas de nuestra cabaña.
  • Sacar maleza, limpiar las hojas, podar parrón, árboles, rosales y arbustos.
  • Recolectar huevos de patos.
  • Limpiar el aposento de los patos, lo que consta principalmente en sacar con una pala capas de paja y caca de pato y volver a rellenar con paja. Éste ha sido por lejos el trabajo más asqueroso de todos.
  • Alimentar al ganado, caballos y a los chanchos.
  • Instalación de cercas y cañerías.
  • Reunir y trasladar chanchos a otro corral.
  • Instalación de tanques de agua.
  • Manejo de tractor y camionetas con acoplado.
  • Reforestación y protección de árboles.

Como ya pueden imaginarse, el día a día en una granja se compone de una rutina impredecible, cosas nuevas y aprendizaje continuo. Esto no quiere decir que durante nuestro tiempo en Melbourne no hayamos aprendido nada o rescatado algo bueno, nos dio la increíble oportunidad de conocer gente maravillosa y nos hizo ser fuertes y resilientes durante períodos duros.

Pero lejos de la ciudad es donde estamos disfrutando más en calma, paso a paso, día a día, absorbiendo lo hermosa que es la naturaleza y nos hemos podido empapar y enriquecer de la cultura australiana en su estado más puro. Y lo más importante de todo, es que hemos aprendido a conocernos, más que conocer el mundo, aprender a conocernos en él….

Una tarde con los chanchos…

Guardar

Guardar

Dejar respuesta