Nuestros días en Singapur se habían terminado y tan sólo 20 minutos después de tomar el bus, ya estábamos en la frontera con Malasia, nuestro destino era la pequeña ciudad de Melaka.

El paso fronterizo fue bastante expedito, sin problemas y muy ordenado. Como chilenos, sólo debimos presentar el pasaporte y nos dieron visa gratis por 30 días.

Llevábamos sólo 5 días en Asia y nuestros ojos veían asombrados por la ventana del bus los paisajes tropicales de color verde intenso, lamentablemente interrumpidos durante todo el camino por interminables plantaciones de palmas, utilizadas para la extracción de su aceite. Este cultivo está deforestando a pasos agigantados gran parte de Asia.

Antes de viajar, nos dedicamos a investigar y aprender sobre cada país que visitaríamos, sólo textos y sin fotos para llegar sin muchas expectativas al lugar.

Después de 2 horas de viaje ya estábamos en Melaka y a pesar de que íbamos sin expectativas, nuestro cerebro involuntariamente comenzó a imaginar como sería el lugar que estábamos ad portas de visitar, y es completamente distinto a lo que veía en mi cabeza.

Sabiendo que Malasia era el único país del sudeste asiático donde la religión predominante es el Islam, daba por sentado que el país en general, cerraba sus puertas a cualquier influencia occidental o “americana” y que hasta el día de hoy mantenía su esencia, pero creo que me dejé influenciar por fantasías.

El bus nos dejó frente al Hospital que se encuentra en el centro mismo de Melaka, no me dejan de sorprender los enormes hoteles, el mall gigantesco, el terminal de bus moderno y el infaltable Mc Donalds en la esquina.

Durante mi primer contacto con el mundo musulmán, no podía dejar de mirar a mujeres y niñas vestidas usando el Hijab que tapa su cabeza y cuello, complementando su vestimenta, con jeans ajustados, zapatillas Converse y muy maquilladas a lo Kim Kardashian.

El calor y la humedad nos dejaron fatigados mientras caminábamos al guesthouse de nuestra anfitriona de CouchSurfing, quien amablemente nos invitó a quedarnos un par de días para enseñarnos un poco de su cultura, o eso creíamos.

Nos recibe Emily, el hostal se ve bien pintoresco y rústico, pero apenas alcanzamos a apreciar el entorno, por que nos deja sin habla su desbordante personalidad y comportamiento un tanto errático.

Estuvimos alrededor de una hora escuchando sus relatos sin sentido que ni siquiera recuerdo y donde sólo nos pedía no contarles al resto de sus huéspedes que nos estaba alojando gratis en su hostal. Luego de eso, nos llevó a nuestra habitación y nos dejó instalarnos. La habitación tenía dos camas y ventilador, con baño compartido un poco alejado y bastante rústico, pero funcional.

Agotados un poco del parloteo y del calor insoportable salimos a pasear al mall para refrescarnos en el aire acondicionado. Nos sentamos a evaluar la situación y planear nuestros próximos días en Melaka.

Al llegar al hostal nuevamente, Emily nos invitó a la sala de estar donde se encontraba junto a otros huéspedes, parecía ser otra persona, mucho más compuesta y pudimos entablar una conversación un pooooco más fluida.

Después de un rato, nos cuenta que finalmente nos puede alojar sólo esa noche y no los 4 días que habíamos acordado con anterioridad, en ese momento nos dimos cuenta que era una estrategia para quedarnos en su hostal y pagar los días de nuestra estadía. Sin embargo ya habíamos decidido que al otro día nos iríamos a otro Hostal muy cerca y céntrico, con muy buenas recomendaciones.

Nos despedimos de Emily diciéndole que estábamos agradecidos de su hospitalidad, pero que finalmente nos quedaríamos en otro hostal. Emily es una buena persona, pero ya habíamos pasado por días super intensos con Oliver (Nuestro Host de Singapur) y queríamos hacer las cosas con más calma y a nuestro ritmo más pausado, con el nivel de intensidad de Emily no lo íbamos a lograr.

Consejo: Cuando hagas Couchsurfing siempre ten un plan B, por que algunos anfitriones tienden a cambiar a última hora las cosas e incluso hasta dejarte plantados a minutos de llegar a su casa, como nos pasó en Singapur. Click AQUÍ para leer nuestra primera experiencia con cs en Singapur

Apa Kaba Homestay, era el hostal que elegimos para quedarnos. Vimos buenas recomendaciones en Tripadvisor y en Facebook, así que fuimos para allá. La persona de la recepción, muy amable, nos mostró las habitaciones privadas, se veían ordenadas y limpias, los baños eran compartidos, no eran un lujo, pero eran occidentales y con ducha caliente.

Decidimos quedarnos una semana en Melaka, así que regateamos el precio de la habitación doble con aire acondicionado, de 70 nos bajaron a 50 Ringgit por noche con desayuno.

Los primeros días en Melaka, nos dedicamos a pasear y a observar el entorno para entender un poco la cultura, nos alejamos de los spots turísticos y nos sentamos a mirar como pasaba la rutina citadina. El tráfico, los árboles, las vestimentas, las comidas, la arquitectura, las personas, todo absolutamente todo era nuevo para nosotros.

Dentro de mis impresiones, me deja atónita el hecho de que una cultura netamente musulmana sienta adoración máxima a todo lo relacionado con occidente, ropa, comida, maquillaje y fijación por personas rubias de ojos azules.

JP lo vivió en carne propia. Mientras caminábamos Juan era fotografiado, grabado e incluso coqueteado por musulmanas descaradamente en frente mío. El primer día era chistoso, pero cuando los chinos le ponían el celular en la cara de improvisto, se volvía insufrible.

Ah!, pero sí le encantó cuando un niño de 15 años se le acercó y le preguntó si era “Thor”, el actor. Jajajajaja 🙂

Las sonrisas y gestos de amabilidad en las personas también nos causaba mucha impresión. Venir de Santiago donde muy difícilmente le puedes sacar una sonrisa, un buenos días, gracias o un de nada a alguien, Malasia nos abría las puertas de par en par haciéndonos sentir bienvenidos y encantados con su gente.

Las caminatas por el río, pasear por Chinatown, comer en Little India, aprender del Islam y sobre las aventuras de empedernidos naúfragos que dejaron más que una huella en la historia y cultura en el estrecho de melaka, nos cautivó de manera instantánea.

Debo decir que apenas pisamos tierra malaya fue amor a primera vista y avecinábamos un buen pasar por el país.

Está demás decir que Melaka nos encantó, después de haber estado 7 días, podemos concluir que unos 4 días o pasar un fin de semana en la ciudad podría ser suficiente para apreciar lo esencial y disfrutar al máximo.

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Estudié Administración Turística Desde chica he viajado y vivido a lo largo de Chile. Me encanta la fotografía, el arte, la música y el existencialismo. Amo compartir la vida y mis viajes con mi compañero del alma.

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