Batu Caves fue descubierta en el año 1860 durante la época de asentamiento de los chinos, quienes excavaban guano para el uso de fertilizantes de sus huertas. La cueva de 400 millones de años de antigüedad, se hizo conocida recién en 1878, cuando se realizó un registro del hallazgo por un naturalista americano y algunas autoridades de la época colonial.

Del conjunto de cuevas existentes en el lugar es la más grande de ellas la que tiene mayor relevancia religiosa, por albergar en su interior a varias estatuas de deidades hindúes y altares de la misma religión. Llamada Cueva del Templo.

El templo es destino de peregrinación de los hindúes que celebran cada año el Festival Thaipusam durante el mes Tailandes Tamil a fines de Enero y principios de Febrero. Celebración que se realiza hace más de 150 años.

Y es así que este lugar se ha popularizado y convertido en uno de los templos hindúes más importantes fuera de la India, sin embargo, nada de lo anteriormente mencionado nos hizo capturar la magia de lo sagrado del lugar cuando pisamos el templo por primera vez.

Cuando hemos visitado lugares sagrados como éste, no puedo evitar entrar en mi “estado de reflexión” y preguntarme la siguiente paradoja. Por respeto, la religión te exige sacarte los zapatos, no hacer ruido y taparte los brazos y piernas o la cabeza, dependiendo de la religión, cada vez que entras a un templo, sin embargo, mientras caminas ves que el lugar está repleto de basura, escombros, caca y pipí de mono por todos lados y sin olvidar los escupitajos repartidos por todo el suelo, no sé si esto forma parte del respeto por lo sagrado, no lo creo. Aquí por primera vez experimenté esa paradoja, que se vuelve muy recurrente en varios templos alrededor del sudeste.

Batu Caves fue una total desilusión, a parte de que la famosa estatua dorada de 10 pisos de altura del dios Murugan, se encontraba tapada por refacciones, el lugar era un verdadero basural. Y no sólo eso, era perturbador el hecho de ver como los pobres trabajadores que se encontraban restaurando, no contaban con ningún tipo de seguridad.

La majestuosa e imponentemente hermosa “Cueva del Templo” se ve opacada por los monos saltando de una pila de escombros a otra pila de basura. Difícil es así apreciar los altares hindúes.

La calma y tranquilidad que esperas obtener para apreciar el templo, se ve entorpecida por los mismos locales que molestan a los monos condicionándolos a ser agresivos y que te salten encima, haciendo que la experiencia se torne muy estresante.

Nuestra intención no es imponerte nuestra experiencia, en absoluto, debes siempre hacer de un lugar o atractivo tu propia experiencia. Pero es importante conocer también las malas experiencias, porque la expectación a veces juega en contra.

Consejos y Datos

Si te animas a ir, las cuevas tienen acceso directo con la estación de tren que lleva su mismo nombre y queda al final de la línea roja. Imposible perderse.

Procura llevar agua, porque te tocará subir muuchos escalones 272, para ser exactos, que te guiarán a la gran cueva. Lleva una mochila sin nada afuera que resalte la atención de los macacos, porque tratarán de robarte lo que sea y son muy agresivos.

Hay un pequeña feria con artesanía y locales pequeños de comida, por si te da hambre. La entrada es gratuita.

Mientras subes los interminables escalones del templo, existe un acceso a “Dark Cave”, otro de los atractivos populares. Para entrar deberás pagar 35 Ringgit y te guiarán a través de los pequeños túneles al interior de la cueva. Son alrededor de 850m, unos 45 minutos de caminata.

También, había una especie de zoológico donde tenían a los pobres animales en unas jaulas diminutas y en estado deplorable. Fomentando el turismo responsable, no pagues por ir a estos improvisados zoológicos que suelen ser una tortura animal más que otra cosa.

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Estudié Administración Turística Desde chica he viajado y vivido a lo largo de Chile. Me encanta la fotografía, el arte, la música y el existencialismo. Amo compartir la vida y mis viajes con mi compañero del alma.

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